martes, 3 de febrero de 2009

UNA VALORACIÓN CRÍTICA SOBRE AGUAS PROFUNDAS


Desde el Departamento de Lengua castellana y Literatura agradecemos a Patrick Oruño su colaboración:

LA SOLEDAD SONORA


Podemos hablar de la poesía de Julia Barella como un canto a la vida, a las mujeres. Pero en toda vida, por encima de lo demás, están presentes los cambios y, sobretodo, la muerte. Sin muerte no habría vida. Y Julia Barella recoge en Aguas Profundas estos conceptos y los plasma con un virtuosismo increíble.

Desde el comienzo apreciamos el amor que le ha dedicado a la obra, a su obra, y el amor con el que se dirige a las mujeres, ese sentimiento de admiración contagioso desde la primera a la última línea sin excluir a los hombres, lo que magnifica la intensidad del mensaje aportando luz esclarecedora a los contenidos del poemario.

Y esto se refleja desde el primer viaje de muchos que se suceden. Como en la vida, los viajes que realizamos son casi infinitos y puede que cada uno tenga un objetivo predeterminado, pero todos acaban en el mismo lugar y todo lo que realizamos o no forma parte de nuestra vida. Así lo enmarca Julia Barella mediante distintos paisajes, cada uno con una visión especial, pero en concreto en dos versos que han quedado grabados en mi mente:

“ Todo lo que pudimos haber sido
se pasea como un fantasma "

Y cuánta razón y sabiduría exhalan esas palabras. Saber valorar y tener presente lo que no hemos podido conseguir tanto como los sueños logrados, puede que sea una de las perspectivas más cuerdas.

Y la vida está llena de pesares, infortunios y sentimientos. La preocupación que muestra Barella acerca de los pesares de la mujer y las dolencias que son ya un problema social, resulta desgarradora.

La fuerza de su escrito, donde plasma un viaje interior, incluso soñado (imposible no fijarse en ese dulce sueño donde Julia, ballenas y agua fluyen como un solo ser) nos llena, más aún cuando apenas hemos aprendido a mostrar valor y emprender nuestro viaje.

Sin duda alguna Aguas profundas es un claro ejemplo de lo que es la buena poesía, ese "motor que nos mueve" al detenernos en ella.

Es el ejemplo de ese momento especial que sucede al leer los versos de Barella; quedamos, por unos instantes, unidos a ella por la telaraña invisible del amor a las palabras, a sus palabras, que permanecerán ahí para que nosotros, personas o fantasmas, podamos leerlos infinitas veces.

Patrick Oruño (19 años)-2ºbachiller-A


1 comentario:

Antonio dijo...

Me alegra comprobar que Patrick mantiene la madurez y frescura de prosa con la que destacaba ya hace unos años. Enhorabuena.