viernes, 12 de diciembre de 2008

Una reseña crítica sobre La simiente enterrada de Antonio Colinas





En este libro, Colinas no sólo viaja a China físicamente, también emprende un viaje espiritual, es decir, no solamente visita las universidades, monumentos jardines… sino que en esos lugares tan hermosos de la China va reflexionando, mediante la cultura oriental, relacionándola también a veces con la occidental, sobre la vida, la razón de las cosas, sobre –como se dice en el libro- el qi y el tao, la energía que se encuentra por todas partes y la respuesta a todas las preguntas.


Cuestiones que tantísimos filósofos se plantearon en la antigüedad y se siguen planteando hoy en día. Reflexionando sobre esas y otras cuestiones que van surgiendo, ansiosas de encontrar una respuesta, en su mente surge la metáfora de la simiente enterrada. El autor habla de la poesía, de un espíritu interno que toda China tiene en lo más profundo de ella misma. Habla de un sentimiento de progreso, sobretodo de esa espiritualidad que yace aún enterrada en China, esperando a germinar. Eso sería pues la simiente enterrada, ese sentimiento que poco a poco va creciendo en China y la llevará en un futuro, quizás, a su progreso.

Es sobretodo esta espiritualidad la que tanto sorprende y atrae al autor. Le fascina el simple hecho de ver a los jóvenes chinos cerrando los ojos y concentrándose ante los budas de los templos, lo que sienten esos jóvenes al realizar este inocente acto, tan lleno de sentimiento para ellos, esa “espiritualidad” por así decirlo que se desarrolla dentro de ellos, la misma que está presente en las pinturas simples pero profundas y tan llenas de sentido de este país, es decir el wu wei, el vacío lleno, el expresar sin expresar.


Estas expresiones tan propias de China y su cultura siempre me han fascinado y, con este libro, se me ha brindado la oportunidad de entenderlas mucho mejor y reflexionar sobre ellas. También me parece hermosa la forma en que el autor parece unir el mundo en una ciudad. A pesar de las diferencias entre oriente y occidente, la poesía, la literatura, la filosofía… todas nos muestran que en el fondo no somos tan diferentes, que aun hablando lenguas distintas, teniendo diferentes rasgos o incluso diferentes ideologías, todos podemos llegar a entendernos y a compartir, en el fondo, las mismas formas de pensamiento.

La dualidad es algo muy representado en China, pero no como algo diferente, algo que no depende de su antónimo. Como en el yin y el yang, uno no es nada sin el otro. Es la dualidad la que realmente forma la Unidad. Por eso, a pesar de las diferencias, somos todos tan iguales, tan idénticos. Al fin y al cabo, todos estaríamos formados por esa energía, el qi, de la que estamos rodeados. ¿Y qué sería esa energía? Un buda simplemente nos respondería con la tranquilidad de su sonrisa que, sin decirnos nada, nos lo diría todo. Otra vez surge la idea del wi wei, el vacío-lleno. La sonrisa de ese buda, tranquila, paciente, y su silencio son los que nos hacen comprender que las respuestas a nuestras preguntas no hay que buscarlas fuera, sino dentro de nosotros.

Por Noemí Solozano Belenguer, 2ºBachiller-A

Gracias Noemí por tu reseña.
Os invitamos desde aquí a que sigáis expresando vuestra opinión sobre la lectura en vuestros comentarios.

3 comentarios:

Cazadora de nubes dijo...

Muchas gracias por decidir publicar mi reseña en el blog.

Espero de verdad que agrade a la gente que la lea.

=)

Antonio dijo...

A mí, particularmente, me parece una reseña madura y bastante esclarecedora. De hecho, quizá me anime a buscar el libro de Colinas estas vacaciones.

Cazadora de nubes dijo...

Te animo a leerlo. =)

Muchas gracias.