Tras finalizar la conferencia se inició un pequeño coloquio, y entre otras, se le preguntó dónde guardaba sus libros. Él confesó que era un auténtico problema, pues su biblioteca ronda los 30.0000 volúmenes, y que en el piso donde los guardaba, uno podía encontrar libros en los armarios de la cocina, en el horno... Destacamos, sin género de dudas, la cercanía y la humildad del poeta, constatada con una cálida anécdota que surgió de pronto, y aunque algunos pensaron que estaba preparada, os podemos asegurar que fue absolutamente espontánea:
Un compañero de colegio (estudió en El Pilar de Madrid) vino a verlo, lo saludó durante el coloquio, y le daba cierto pudor identificarse en público pues hacía 40 años que no se veían; Luis Alberto enseguida, desde la mesa, le dijo sus apellidos, su nombre, datos de aquella época de juegos comunes, incluso el color de la trenca que solía llevar aquel inesperado amigo. En fin, !qué maravilla! Alguien le preguntó sobre sus lecturas poéticas, y citando a Juan Ramón Jiménez, y a los Cantares de Gesta nos emplazó a una 2ª, 3ª o incluso 4ª conferencia...
Gracias a Luis Alberto de Cuenca por hacernos amar un poco más la literatura.
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lunes, 5 de febrero de 2007
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