IN MEMORIAM
Jacinta Negueruela
Me gustaba Carlos Matamoros. Era un gran tipo: campechano, sencillo, alegre. Siempre supo lo que quería. Carlos era el alumno que uno quiere tener, exquisito en el trato, humilde en su actitud. Un hombre tranquilo, un chaval entrañable.
Quiero dedicarle lo que se merece. Fui feliz hablándole de poesía y de tantas otras cosas y en su homenaje van estos versos de Ángel Crespo:
He muerto muchas veces
y otras tantas he vuelto
a contemplar mis días.
No desdeñé los viejos
soles, nunca olvidé
los nombres ya distintos.
[...]
y otras tantas he vuelto
a contemplar mis días.
No desdeñé los viejos
soles, nunca olvidé
los nombres ya distintos.
[...]
Y así, siempre que siento
la paz de un nuevo tránsito,
que me ciega los ojos,
voy gozoso a la tierra
de la que me he de alzar
con oro entre las manos.
la paz de un nuevo tránsito,
que me ciega los ojos,
voy gozoso a la tierra
de la que me he de alzar
con oro entre las manos.